Magdalenas, por favor.

 

foto audrey telefono ok

Me cuenta un amigo que se ha instalado una aplicación que le impide enviar a partir de las seis de la mañana correos de los que se pueda arrepentir unas horas después. Me dice una amiga que en su última cita el susodicho quiso comprobar con la regla virtual de su Iphone cuánto medían sus tacones.

Leo, entre el asombro y el estupor, que han inventado unos pijamas #inteligentes capaces de leer cuentos a los niños, ropa interactiva con lunares que son en realidad códigos QR que pueden ser leídos a través del smartphone y que vinculan un cuento al teléfono.

Hubo un tiempo en que #inteligente era que tus padres decidiesen qué cuento leerte aquella noche. Hubo un tiempo en que cada noche tu madre te leía Caperucita como si fuese la primera, en que cada noche se inventaba el final del cuento. Hubo un tiempo en que el lobo se convertía en un elefante con alas, en que el lobo se enamoraba de una lobita, en que la abuela se comía al lobo.

Hubo un tiempo en que las cosas eran distintas. Ataque de nostalgia a la vista, advierto, aquel tiempo ni mejor ni peor, solo distinto.

Aquel tiempo en que #valiente era que el chico que te gustase te llamase al fijo de casa aún a riesgo de que le cogiese tu padre, y que lo ascendía por derecho propio a categoría de héroe.

Aquel tiempo en que  #nervios era que te llegase un papelito después de recorrer toda el aula con un mensaje para quedar después de clase. Aquel en que la gente siempre era puntual, porque no había forma de avisar una vez el otro había salido de casa. Aquel otro, en que llegabas a creerte una laguna de cobertura, una saturación de la red, una abducción extraterrestre o una muerte inesperada, antes de que no le diese la gana de contestarte a un mensaje.

Aquel tiempo, en que en un único mensaje de texto tenías que ser misteriosa, encantadora, arrebatadora, sensual, pícara, inocente, y, al mismo tiempo, interesarte por tu vida y dejar la puerta abierta a “tomar algo un día de estos”

Aquel, en que te acordabas de todos los teléfonos de las casas de tu pandilla (aún me acuerdo).

Aquel en que recordábamos todos los cumpleaños por un juego de asociación mental (el día del golpe de Estado, de la caída del muro de Berlín, de la primera Guerra Mundial, de la muerte de Enrique Urquijo)

Y si no, tampoco importaba que se te pasase porque Facebook no estaba para avisarte, ni tenías alertas instaladas en tu Blackberry, No tenías por qué acordarte. 

Hubo un tiempo en que Twitter no te sugería seguir a personas a las que te había costado olvidar 19 días y 500 noches.

Hubo un tiempo en que llegabas con ojeras al trabajo y nadie te miraba mal porque no sabían que te habías conectado al wasap a las tres y media de la mañana.

Hubo un tiempo en que no sospechabas que tu móvil se convertiría en tu peor enemigo.

foto crimen perfecto

Hubo un tiempo en que llegabas a casa hecha unos zorros por salir sin paraguas, porque no estaba el iPhone para advertirte de que aquel día el riesgo de lluvia era del 97%… de que mañana hará nubes y claros, pasado mañana más claros que nubes y el fin de semana lucirá soleado.

Hubo un tiempo en que te asaltaba una duda (¿cómo se llamaba el zorro de los Gnomos?) y estabas todo el día dándole vueltas hasta que llegabas a casa y le preguntabas a tu abuelo, que lo sabía todo, que era como una enciclopedia, que era más que Google, que era Dios.

Aquellos tiempos… en que pedías magdalenas, en lugar de cupcakes.

 

 

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10 pensamientos en “Magdalenas, por favor.

  1. jope es verdad…aunque soy joven, me siento identificada con muchas de las cosas que has puesto en estas líneas… que post más tierno!!!

  2. Pues si… Hubo un tiempo! 😉
    Quiero pensar que la “peli” sigue siendo la misma, pero con diferente formato, y con efectos especiales mucho mas elaborados apoyados por la tecnología.
    En cualquier caso, lo confieso….me quedo con las magdalenas….
    Gracias por esta entrada tan dulce.

    • Harina, azúcar, agua y levadura… Si es que lo único que cambia es el envoltorio, el sabor es el mismo. Pero sí, yo también me quedo con las magdalenas… bien empapadas en colacao. Un beso

  3. Algo bueno tenían que tener las nuevas tecnologías. Por ejemplo, la posibilidad de leer y compartir esta gran post. Bueno, llámalo post, llámalo artículo o carta. Enhorabuena por iluminarnos una vez más. Un beso, guapa

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