Las cosas pequeñas

Empezar a escribir un blog es un ejercicio de emociones desconocidas.

Antes podías hacer la trece catorce en un plan nada interesante, y quedar fatal. Podías poner cara de pez y decir que de repente te estaba entrando una gripe de cuatro pares, pero ahora ya tienes la excusa perfecta. Cuando empiezas a escribir un blog, tienes que ir en serio: “Me voy, tengo que actualizar mi blog”. Y todo el mundo, en vez de tomárselo mal, piensa que tú, que antes ni contestabas a los wasaps, que tu último tuit era de hace dos meses, tú te estás convirtiendo en una bloguera de éxito, en trendsetter y todas estas cosas nuevas. Si tienes que actualizar tu blog, nadie tiene nada que rebatirte..

Cuando tienes un blog,  cualquier cosa te parece de repente un genial tema de post. Tus amigos se convierten en asesores creativos.  “Yo lo tengo claro. Escribiría sobre los diferentes tipos de baldosas”, me dijo el otro día uno con guasa.  Y hasta ese tema me pareció de lo más interesante. Sin darme cuenta, empecé a observar que hay baldosas de distintos tipos y colores, pero más… baldosas sencillas y otras que se las dan de pretenciosas, mensajes escritos sobre baldosas, baldosas que traman silenciosas hasta que te enganchas tus zapatos de tacón, baldosas mutiladas por haber perdido la partida con la alcantarilla o el respirador de metro. Baldosas célebres, como las amarillas que en El Mago de Oz  llevaban a Ciudad Esmeralda.

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El año en que me enamoré de todas

Una recomendación.

A Use Lahoz lo conocí primero (sí, confieso) en las páginas de una revista de moda. Era un joven escritor, sobrado de talento, que acababa de publicar Los Baldrich, una novela generacional ambientada en la burguesía catalana. Me llamó la atención, y me hizo gracia, su nombre.

Lo re-conocí bastantes meses después, en una de esas noches de las que Madrid es especialista, mezcla de gin tonics, Lou Reed y extraños destinados a encontrarse. Me lo presentaron como Use… y supe enseguida que era Lahoz.   Sigue leyendo

Besos

En esta tendencia tan artificial del ser humano de poner etiqueta a  las cosas más naturales, uno de los últimos Días Internacionales en celebrarse ha sido el del Beso.  Defendido  por sus inventores en honor al más largo de la historia, el que durante más de 46 horas se dio una pareja tailandesa (!)

El Beso. Ha inspirado canciones, estudios científicos,  tesis doctorales, obras de arte, libros enteros.  Ha precedido casi tantos The End como películas ha dado el cine. Ha culminado historias con final feliz, o sin él.

El propio beso desconoce su poder ilimitado.

Genera consensos irrebatibles: Todos sonreimos al recordar nuestro primer beso…

Y contradicciones inexplicables: …pudiendo incluso odiar a quien nos lo daba.

Todos quisieron ser Lancaster, todas quisimos ser Kerr. Todos deseamos que alquien nos hiciese perder un vuelo a Paris. Sigue leyendo

De mares y lentejas

Minientrada

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Dajla es la wilaya más alejada en el desierto del Sahara… Allí, en el desierto de los desiertos, donde las estrellas se asoman por millones y las cabras comen cajas de cartón, los refugiados saharauis llevan treinta años esperando ver su mar… Y así dan su “bien benida” al que llega,  tan sincera que desnuda… Esta fotografía fue tomada en mi primer viaje a los campamentos. Allí, en la jaima de Tutu, mi hermana saharaui, descubrí a qué  saben los platos de lentejas cargados de dignidad. Al regresar, y mientras recogía mi mochila, Tutu se acercó…

¿Me escribes en el Facebook cuando llegues a casa?

Claro.

No pude evitar sonreirme, pensando que sí, también allí, donde apenas hay media hora de generador eléctrico, y donde las tormentas de arena hacen volar hasta a los camellos, allí también un click nos lleva al Universo entero. Sigue leyendo